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Guarani: lengua maravillosa, valiente y viva


David A. Galeano Olivera. Docente universitario. Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI. Profesor y Licenciado en Lengua Guarani. Escritor bilingüe. Traductor público.
E-mail: dgo@paraway.net.py - ateneo@telesurf.com.py


1. Introducción

A este tercer milenio lograron llegar los “más fuertes”, los “más resistentes”, los que mejor se adaptaron a los desafíos naturales y culturales de toda la humanidad. Uno de esos héroes que atravezó exitosamente la línea que separa la vida de la muerte, es el Idioma Guarani. Por ello, podemos afirmar que el Guarani es una lengua maravillosa, valiente y viva; lo que no que quiere decir que sea la única. Ya sé -como suele ser habitual- que este escrito traerá cola a partir de dicha afirmación. Lo más seguro es que se crucen en el camino los pocos colonialistas y antiguaranistas a intentar -vanamente- pisotear, retrucar, romper, tironear o borrar lo que aquí expongo; y como también ya se hizo costumbre, no faltarán quienes me traten de fanático o xenofóbico o nacionalista a ultranza o contrera del progreso y la civilización y otros disparates más, a los que ya estoy acostumbrado y que dicho sea de paso no me vienen ni me van.

Creo que la condición de lengua maravillosa y valiente siempre trajo problemas al Guarani; ya que desde la Colonia lo convirtió -en esta parte de América- en “competencia” del imperialismo castellano y portugués. Es así que durante la época de la Colonia, el Guarani se convirtió en el akãrasy (dolor de cabeza) de los conquistadores, particularmente de los misioneros; que -tras mucho insistir por todos los medios, incluidos los violentos, para imponer el castellano- tuvieron que, muy a pesar de sus intenciones originales, valerse del Guarani para reducir físicamente (no lingüísticamente) al indígena. De hecho, solamente lo hicieron con unos pocos por que la gran mayoría se mantuvo en el monte, en su hábitat tradicional. No olvidemos que cuando los jesuitas fueron expulsados (seis generaciones después = 150 años), los indígenas abandonaron las reducciones y ni cortos ni perezosos retornaron a su vida montés, el único sitio donde la libertad les fue y les sigue siendo posible. Con el tiempo las reducciones se convirtieron en ruinas, constituyéndose en el derrumbado y mudo testimonio de la opresión y la represión. Posteriormente, el Guarani llegó a ser la principal preocupación de la Triple Alianza, durante la guerra librada de 1865 a 1870. La cuestión esencial era: eliminemos al Guarani para así eliminar al Paraguay: no existe otro camino. Idéntica cosa ocurrió de 1932 a 1935, durante la Guarra del Chaco, ya que el Guarani, a no dudarlo, fue el más valioso aliado de las tropas paraguayas. En el Chaco, varias batallas se ganaron en Guarani.

Pasado el período colonial y los dos enfrentamientos bélicos, y a pesar de los pesares, el Guarani permaneció firme, heróico y sobre todo victorioso. Una lengua enclenque o débil, incompleta, torpe y imperpecta, no hubiera resistido lo que el avañe’ẽ resistió. El Guarani es una lengua soberana, maravillosa, valiente y heróica, americana. No le falta nada y tiene de todo y para todos los gustos. Y mi afirmación subirá de tono al sentenciar que la Cultura Guarani fue y es una cultura perfeccionista. El solo hecho de concebir o tener la noción de lo perfecto o de la perfección, ubica a los “nativos” Guarani en una posición de vanguardia. La palabra perfecto o perfección existe en Guarani y es katu (y su variante ngatu que se utiliza con las palabras nasales). Esto no es un invento actual o una concesión graciosa del Castellano para enriquecer la Cultura Guarani. No. La palabra katu (amóva hekokatu) pre-existió a la conquista. Es más, un intento de borrar ese concepto fue el uso postcolonial de la expresión tekoporã (amóva hekoporã).

Los Guarani aplicaron la concepción de lo perfecto a muchas circunstancias de su vida cotidiana, como por ejemplo, al uso de la palabra. Ellos se consideran ñe’ẽngatu (ñe’ẽ = palabra + ngatu = perfecta); es decir, emiten palabras perfectas; y por consiguiente, dicen solamente lo que deben decir, de manera objetiva. Para ellos, la palabra es sagrada. Solamente hablan cuando tienen algo que decir. En esencia, el indígena Guarani no miente; y por consiguiente, la lengua tampoco.

El concepto de la perfección es algo que les apasiona. Es su razón de ser. Basta recordar que en el Alto Parana y Kanindeju viven los Ava Guarani o Avakatu o Avakatuete (donde ete es superlativo), es decir, personas perfectas o plenas. Debemos aclarar que ellos -entre sí- se autodenominan de esa manera y no aceptan la denominación de Ava Chiripa, nombre con el cual se los bautizó, desde afuera. Resulta claro que ellos no vienen a especular con aquello de que somos perfectibles o que debemos vivir procurando el camino de la perfección. Es por ello que los Avakatu o Ava Guarani están obligados moral y éticamente a practicar lo correcto, el error solo puede ser una casualidad.

La imperfección siempre fue una molestia para el indígena. De allí también la tradición del tera’o (quitarse o cambiar el nombre). Esta notable práctica se daba y se da cuando la persona comete una infracción moral. Ocurrida la imperfección, el siguiente paso será ponerse un nombre nuevo, con lo que la persona recupera su tekokatu (teko = vida + katu = perfecta). Pero ¡ojo!, la cuestión no pasa por andar cambiando de nombre a cada rato. El tera’o es prácticamente un acto de humillación social. Por otra parte, tampoco perdamos de vista que el indígena Guarani está seguro que puede llegar a la plenitud de la perfección: el aguyje (estado de gracia, que nada tiene que ver con nuestro cotidiano “muchas gracias”). Estos ejemplos no son invenciones sino hechos ciertos. Así fueron y así son (los ya pocos indígenas que aún quedan viviendo intensamente sus tradiciones milenarias y consuetudinarias). Lo de milenario tampoco es un invento. Los restos fósiles (enterrados en las tradicionales urnas funerarias Guarani llamadas “japepo”) encontrados durante las excavaciones de la Represa Itaipu y analizados con la técnica del carbono 14, tienen hasta diez mil años de antigüedad.

Pese a 500 años de haber sufrido todo tipo de agresiones (una más violenta que la otra), la mofología (estructura) y la sintaxis (funcionalidad) de la lengua Guarani permanecen invariables e incorruptibles, pese también a los varios intentos de degradación y de destrucción que -sistemáticamente- sufrió. El Guarani, en su estructura profunda, sigue siendo Guarani. No existe el jopara. El jopara o jehe’a es apenas una ilusión. El jopara no es el cáncer ni el sida del Guarani… es apenas un susu’a. El jopara o jehe’a es la demostración de la pereza mental del paraguayo, no del indígena: dueño y usuario original del Guarani, quien aunque no contó ni cuenta con un sofisticado y moderno soporte académico y tecnológico de transmisión, supo mantener la esencia profunda de la Lengua Guarani.



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